Normalmente suelen ser jóvenes entre los 12 y 16 años que están formando su propia personalidad, esa que les guiará en su vida, y claro, con tal carácter se ven con la presumida adultez y “madurez” para darnos el susto de nuestras vidas.

Debemos tener en cuenta que con datos en la mano, España duplica la media del resto de países de la Comunidad Europea en tasa de abandono escolar temprano.

O lo vemos venir o nos cae como un jarro de agua fría. Normalmente se pueden denotar algunos precedentes, en el comportamiento diario, en la falta de motivación, en la falta de interés, etc…

 

¿Qué deberíamos hacer?

No tener miedo al día de la noticia y escucharle con atención.
Pues bien, cada hijo o hija es un mundo, no debemos lamentarnos ni poner el grito en el cielo, nos quedaremos boquiabiertos, estupefactos y no tendremos capacidad de respuesta en ese momento, si nos pilla de sorpresa. Pero sí que es importante, prestarle muchísima atención, ya que él o ella ha tomado o está tomando la decisión de su vida…

Podríamos pensar que es un calentón de unos minutos, porque se ha enfurecido por algún motivo con nosotros o con alguien, pero si la cosa se vuelve cotidiana, afectando a las ganas de comer, la tristeza y se enferman de repente, tomaremos cartas en el asunto.

Principalmente, sobre un papel enumeraremos las razones por las cuáles nuestro hijo nos ha explicado tan magno acontecimiento, que junto al consumo de drogas y alcohol es una de las mayores preocupaciones de los padres actuales. Hay que ser comunicativos, con preguntas abiertas le plantearemos el porqué de esta decisión. Escucharemos con interés y con comprensión, que razone su respuesta.

 

¿Y por qué hijo/a esa decisión?

Desde Academia 959 os aconsejamos que siempre hay que ponerse en su lugar, la empatía en estos casos es fundamental. Todos hemos pasado por una situación de escolarización y hemos visto ejemplos en otros compañeros o compañeras o en nosotros mismos. Hay que dejar que el adolescente se explique y nos exponga sus razones.

Pedir ayuda al centro.
Tienes algún problema en clase, con tus compañeros/as o con tus profes o es que no te gustan las asignaturas, te cuesta enterarte en las clases…A estas preguntas le responderemos que se lo piense durante unos días, que esas decisiones deben de meditarse con más profundidad.

Tomaremos cartas en el asunto; primero ver que el problema no se ha generado en el entorno familiar, segundo observaremos cómo se relaciona nuestro/a “extudiante” con sus amigos/as en la calle y después de clase, por último nos reuniremos en tutoría para consensuar el problema con su profesorado y, sobre todo el orientador del centro.

La relación colegio-alumno-familia es una de las grandes claves en estos casos. No debe ver esta reunión con desconfianza, se deben plantear como algo bueno, positivo y que les servirá de gran ayuda. Apoyarle y motivarle siempre para que tomen confianza.

 

Buscar alternativas.

Siempre  le ofreceremos nuestra ayuda. Hay que mostrarles la realidad, podemos hablar con familiares y con amigos que se hayan arrepentido de haber abandonado en su momento los estudios. Con su experiencia, tal vez le hagan ver que no está tomando una buena decisión.

Pensar en un plan B o en Buscar alternativas. Un orientador en este caso que le haga ver la posibilidad de realizar un ciclo formativo de grado medio, que no sea tan exigente, permitiéndole posteriormente hacer un superior y poder tener acceso a la Universidad.

O por el contrario la necesidad de hacer algo que no tenga que ver con los estudios, como por ejemplo; unas clases de pintura, fotografía, algún deporte, algún curso de cocina, etc… Porque no todos los niños y niñas van a ser universitarios/as y de carrera, no… Deben recibir una buena educación y que tomen decisiones con madurez y con confianza.

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